“Yo como por estrés”

¿Cuántas veces tú o alguien allegado a ti ha dicho que ha tenido un atracón de comer o ha comido mal por estrés? 

Quizás recuerdes que hablamos hace unos meses del hambre emocional y comer por estrés es uno de los síntomas de esta situación. Como lo consideramos una situación importante que conduce a una conducta inadecuada a la hora de comer y que puede causar el aumento de peso de forma drástica, queremos arrojar luz sobre el estrés.

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Hoy en día la mayoría de las personas vivimos en un constante estado de alerta. Desde el momento en que nos despertamos hasta que finalmente termina el día y cerramos los ojos para dormir, literalmente, no paramos. El día entero se resume en mil cosas que queremos hacer y resolver a la vez sin contar lo que ya estamos planeando para el día siguiente… Y si esto lo repetimos día tras día, sin darnos tregua ni dedicarnos un momento para nosotros mismos, podemos llegar a un punto de quiebre y encontrarnos con el estrés.

Pero… ¿qué es el estrés?

“El estrés es el estado de cansancio mental que provoca la exigencia de un rendimiento superior al normal, provocando diversos trastornos físicos y mentales”.

En otras palabras, el estrés ha pasado a ser un estilo de vida. Vivimos en un constante ajetreo, exigiéndonos más lo que podemos y, peor aún, castigándonos por no ser capaces de ¨poder con todo¨. Esto no es sano… El estrés a estos niveles no es sano.

Causas del estrés

El estrés depende mucho de la persona y su capacidad para lidiar con las situaciones que le generan determinada tensión física o emocional. Lo que para algunos puede ser un evento de mucha importancia para otros es insignificante. A veces no se trata de la intensidad del evento sino de su duración en el tiempo lo que produce que la persona lo interprete de forma negativa generándose así estrés.

Los factores que causan estrés de pueden dividir en emocionales y físicos. Lo cierto es que muchos de estos factores son parte de nuestro día a día y a veces no nos damos cuenta del impacto que  tienen sobre nosotros. Y es justo en ese punto donde comenzamos a vivir estresados y ni siquiera nos damos cuenta.

Factores emocionales que causan estrés:

  • Mudanzas y obras en casa.
  • Exámenes y pruebas.
  • Problemas de pareja o familiares.
  • Desempleo
  • Muerte o enfermedad grave de un ser querido.
  • Retos o problemas laborales.
  • Discusiones laborales o familiares.
  • Atascos de tráfico.
  • Falta de tiempo para hacer las cosas.
  • Falta de tiempo para hacer aquello que nos gusta.

Factores físicos que causan de estrés:

  • Ruido molesto.
  • Malas posturas (sentado, acostado, caminando).
  • Temperaturas extremas.
  • Hambre.
  • Falta de sueño.
  • Hacinamiento.

Síntomas del estrés

Presión arterial alta, insuficiencia cardíaca, diabetes, obesidad, depresión o ansiedad, problemas de la piel, problemas menstruales, diarrea o estreñimiento, mala memoria, dolores y achaques frecuentes, dolores de cabeza, falta de energía o concentración, problemas sexuales, cansancio, problemas para dormir o dormir demasiado, pérdida o aumento de peso, y un largo etc.

Es muy importante estar atento/a a aquellos síntomas que indiquen que podemos estar sufriendo de estrés, así será más fácil buscar una solución que nos ayude a superar la situación y por lo tanto el estrés. Y no lanzarnos a comer compulsivamente cuando lo único que obtenemos es un alivio momentáneo que está afectando muchísimo a nuestra salud.

Desde Lipodieta te recomendamos que si detectas que sufres estrés y no eres capaz de controlarlo, acudas a un profesional que pueda ayudarte a gestionarlo y que sobre todo no te engañes a ti mismo: comer de forma impulsiva, comer dulces o comer grandes cantidades no van a hacer que esa situación desaparezca.

La importancia de las emociones en la dieta – parte II

Empezamos este artículo sobre la influencia de las emociones en el seguimiento de una dieta y en la pérdida de peso en el post anterior (puedes verlo haciendo clic aquí). Hoy seguimos hablando de ello.

Y es que son varios los factores que relacionados con las emociones o con nuestras rutinas diarias pueden llevarnos a querer ingerir más cantidad de alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas, los cuales debemos reducir cuando hacemos una dieta debido a su alta cantidad calórica.

La ansiedad o los problemas de sueño son algunos de ellos ya que también contribuyen a que nuestro cuerpo nos pida ingerir grasas e hidratos de carbono de absorción simple lo cuales, aunque nos sacian de manera rápida, nos harán sentirnos hambrientos al poco tiempo.emociones1

Si estamos estresados nuestra mente demanda un consumo más elevado de grasas ya que disminuye la sensación de estrés. Otro mecanismo que nos proporciona bienestar es la liberación de serotonina que está asociado a la disminución de ansiedad a través de la ingesta de un cierto tipo de alimentos.

De ahí que si vamos a empezar un programa de pérdida de peso es muy importante que nos encontremos en un momento de nuestra vida en el que haya un cierto equilibrio emocional. Será mucho más probable que podamos llevar una dieta con éxito si dormimos bien y tenemos una rutina libre de estrés.

Además, es importante entender que la comida debe ir asociada a nuestras necesidades nutricionales y no a las emocionales. Comprender nuestra relación con los alimentos es fundamental si queremos hacer una dieta a largo plazo y sobre todo, si nuestro objetivo es acabar cambiando nuestros hábitos de alimentación.

Cuando hacemos una dieta no deberíamos pensar únicamente en bajar de peso rápidamente sino en conseguir ser felices llevando a cabo una vida sana. Igual de importante que llegar a nuestro peso adecuado es saber mantener una alimentación equilibrada en la que ninguno de los alimentos sea más importante que otros sino que todos contribuyan a sentirnos bien físicamente y saludables.

Con el Método Lipodieta podrás adelgazar de forma sana, rápida y segura con supervisión médica. Además, durante el proceso estarás aprendiendo a comer de forma equilibrada (recuerda que el Método Lipodieta no sustituye comidas) y adquirirás nuevos hábitos de alimentación que te permitirán mantener una vida sana y mantenerte en tu peso ideal. Si deseas más información, haz clic aquí.

La importancia de las emociones en la dieta – parte I

Cada vez son más las personas que cuando hacen una dieta se ponen en manos no sólo de un nutricionista sino también de un psicólogo o un coach. Hoy iniciamos esta serie formada por dos posts en los que hablamos de cómo las emociones intervienen en el proceso de la pérdida de peso.

Décadas de estudios científicos sobre la relación entre nuestra alimentación y las emociones han hecho que ya nadie cuestione que existen aspectos psicológicos que influyen a la hora de hacer la dieta.

Es importante tener en cuenta las emociones cuando queremos bajar de peso porque muchos de nosotros relacionamos la comida con algún tipo de sensación. Esto ocurre así porque algunos tipos de alimentos nos producen bienestar y felicidad. Y casi siempre este tipo de alimentos son los que más engordan.

Por ejemplo, existen ciertos tipos de hidratos de carbono y de grasas que nos proporcionan una sensación placentera a corto plazo. Los dulces, los helados, los fritos, la bollería industrial, etc. son algunos de esos alimentos que nos dan esa sensación de “subidón” de la que después es difícil desprenderse.

Lo mismo ocurre con la denominada comida rápida. Si relacionamos la ingesta de un cierto tipo de alimentos con el placer, cuando reducimos la cantidad de esos alimentos podemos llegar a sentirnos tristes ya que estamos acostumbrados a premiarnos con este tipo de comidas.

En el próximo post hablaremos de cómo emociones como la ansiedad y el estrés influyen en nuestra alimentación y se reflejan en el aumento de peso y la imposibilidad de adelgazar.

Recuerda que con el Método Lipodieta no pasarás ansiedad ni hambre, haciéndote más fácil y llevadera la pérdida de peso que realizarás de forma segura, rápida, sana y siempre bajo supervisión médica. Si te interesa, puedes solicitar más información haciendo clic aquí.

 

El hambre emocional

Muchos problemas en nuestra vida cotidiana pueden influir negativa o positivamente en nuestra alimentación y en nuestro organismo.

El hecho de no ser conscientes de que tenemos un problema, normalmente relacionado con nuestros sentimientos, nos hace comer sin control intentando mitigar la ansiedad que nuestro estado nos provoca. 

¿Qué ocurre cuando tenemos hambre?

Lo normal es que en caso de tener hambre, la saciemos ingiriendo alimentos (más o menos sanos) y algún tipo de bebida; refrescos, zumos, agua, cerveza, etc.

Pero, ¿qué nos ocurre cuando comemos sin tener hambre?

En ocasiones, utilizamos los alimentos como ansiolítico o antidepresivo natural. Esto viene provocado por una descompensación en nuestro organismo y que, sin tener hambre, tenemos la necesidad irresistible de comer, creyendo así que nuestra situación de estrés, tristeza, ansiedad, angustia o preocupación mejorará.

Dieta saludable

Buscando una explicación nos encontramos con un tópico: comer chocolate o dulces para desahogarnos.

Los alimentos como el chocolate, dulces y otros alimentos con un elevado contenido en calorías y azúcares, hacen que nuestros niveles de serotonina (llamada hormona de la felicidad) se eleven por las nubes, haciendo que por momentos nos sintamos mejor, algo que con el paso de las horas desaparecerá.

Lo mismo nos ocurre si ingerimos alcohol o café, siempre basándonos en buscar un ‘alivio’. Una vez absorbido por nuestro organismo, nos generará una distorsión general que nos acabará deprimiendo.

Es por ello que llevando una alimentación saludable y variada, con alimentos con base de hidratos, lípidos y grasas insaturadas (poliinsaturadas y monoinsaturadas), acompañadas de un poco de deporte o ejercicio físico, hará que nos sintamos mejor, más equilibrados y en armonía con nuestro cuerpo.

En Lipodieta podemos ayudarte a lograrlo, no lo dudes y ponte en contacto con nosotros haciendo clic aquí.