La importancia de las emociones en la dieta – parte I

Cada vez son más las personas que cuando hacen una dieta se ponen en manos no sólo de un nutricionista sino también de un psicólogo o un coach. Hoy iniciamos esta serie formada por dos posts en los que hablamos de cómo las emociones intervienen en el proceso de la pérdida de peso.

Décadas de estudios científicos sobre la relación entre nuestra alimentación y las emociones han hecho que ya nadie cuestione que existen aspectos psicológicos que influyen a la hora de hacer la dieta.

Es importante tener en cuenta las emociones cuando queremos bajar de peso porque muchos de nosotros relacionamos la comida con algún tipo de sensación. Esto ocurre así porque algunos tipos de alimentos nos producen bienestar y felicidad. Y casi siempre este tipo de alimentos son los que más engordan.

Por ejemplo, existen ciertos tipos de hidratos de carbono y de grasas que nos proporcionan una sensación placentera a corto plazo. Los dulces, los helados, los fritos, la bollería industrial, etc. son algunos de esos alimentos que nos dan esa sensación de “subidón” de la que después es difícil desprenderse.

Lo mismo ocurre con la denominada comida rápida. Si relacionamos la ingesta de un cierto tipo de alimentos con el placer, cuando reducimos la cantidad de esos alimentos podemos llegar a sentirnos tristes ya que estamos acostumbrados a premiarnos con este tipo de comidas.

En el próximo post hablaremos de cómo emociones como la ansiedad y el estrés influyen en nuestra alimentación y se reflejan en el aumento de peso y la imposibilidad de adelgazar.

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